En la vida, a veces es bueno tener presente, que cada instante es irrepetible, que hay que disfrutar cada momento al máximo, que hay que ilusionarse con las cosas, y vivirlas intensamente.
Mi primer viaje a Japón, o mejor dicho, nuestro primer viaje a Japón, fué en Agosto de 2009. Salió bien, salió muy bien, nos divertimos muchísimo, vimos muchísimas cosas y me atrevo a decir que para la mayoría de personas que hicimos ese viaje, se convirtió en una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Hay muchos motivos que hicieron que ese viaje saliese bien, pero me atrevo a decir que el más importante, fué la gran y larga preparación que se hizo. La preparación de nuestro viaje a Japón fué como un largo parto de casi un año.
Al principio hablábamos de 15 días… para unas vacaciones en España o por Europa parecía mucho…. pero… era Japón… ¿15 días darían para ver bastante?. De 15 días pasamos a hablar de 3 semanas, y entonces, el día que les comenté a mis padres que nos queríamos ir a Japón durante 3 semanas, para saber si ellos podían quedarse con el perro, mi madre contesto: ¿Y porqué no váis un mes entero?… Escalofrios por todo el cuerpo… ¿Un mes?… Wau…

En fin… vuelta a consultar a todo el mundo que había mostrado interés en apuntarse al viaje. El mayor problema eran los días de vacaciones, lo pensamos y no tardamos mucho en decidirnos y convencer al resto. Era un viaje muy esperado y lo íbamos a aprovechar al máximo, un mes visitando tierras niponas.
A partir de ese punto, desde principios de Octubre hasta Agosto todo era comentar, proponer destinos y visitas, preparar documentaciones, hoteles, billetes, entradas… Estresante y a la vez genial.
Tras volver de Japón siempre he dicho que nunca más volvería a preparar un viaje con tantísima antelación, pero en parte es una sensación que anhelo. La sensación de saber que vas a hacer algo que te ilusiona, sabiendo que te va a aportar cosas y que seguramente va a cambiar tu vida en algunos matices. La sensación de ver el día lejos, pero de saber que va a llegar y que poco a poco se va acercando, planear las cosas, tener previsto hasta el imprevisto. Creo que si, que volveré a hacerlo, es demasiado tentador. Quiero volver a sentirla.
Así, entre preparativos, vida cotidiana y charlas con los amigos pasaron los meses. En esos meses mucha gente que tenía previsto venir al viaje, se borró por diferentes motivos, y otras personas que no tenían previsto venir, se unieron. Creo que no fué hasta cinco días antes de la partida, cuando se cerró todo el grupo, y eso si que os recomiendo que no lo hagáis nunca, no va bien para los nervios.
Y entonces llegaron las últimas dos noches antes del viaje, divertidas, geniales, mágicas. Algunos de nosotros nos propusimos hacer el cambio horario en Barcelona para no tener jet-lag, y a la mayoría nos funcionó. Tuvimos que cambiar el ciclo de sueño aquí y la verdad es que se hizo difícil, sobretodo por el sol y el calor de Julio en Barcelona.
Entre el cambio de horario del sueño y la ilusión por el viaje, la realidad parecía mucho menos realidad. Pero ahí estabamos, dando los ultimos retoques a las maletas y llamándonos unos a otros para ver a que hora ibamos a llegar a la casa de Chun (Jose Manuel para los no amigos). Habiamos previsto salir de allí para llegar todos juntos al aeropuerto en transporte público. Aunque creo que realmente era una mala excusa para seguir haciendo grupo, riendonos, compartiendo comentarios, ilusiones…

Llegar a casa de Chun y vernos todos allí con las maletas y bien uniformados con nuestras camisetas de estreno, modelo “quemevoyajapon”, fué emocionante. La madre de Jose Manuel nos había preparado una gran comilona, pica pica de muchas cosas, pero la mayoría ya tenía el estómago lleno, de nervios mayormente. Entre juegos de mesa y charlas sobre las cosas que queríamos ver, fueron pasando las horas, y casi sin darnos cuenta, llegó la hora de salir hacia el aeropuerto.
Eran prácticamente las 5 de la madrugada cuando empezamos a bajar con las maletas. No pude evitar fijarme en el silencio de la mayoría de nosotros, lo único que se escuchaba mientras andábamos hacia la estación de tren, era el ruido del traqueteo de las ruedas contra la calzada a las 5 de la mañana. Yo por mi parte iba pensando en la mejor manera de aguantar el miedo al avión durante las 15 horas que más o menos duraría el vuelo.

A partir de ahí casi todo está escrito en los diferentes blogs de los que partimos hacia Japón. Unos escribimos más y otros menos, pero todos pusimos un granito de arena con nuestras publicaciones en “Que me voy a japón”. Yo por mi parte a partir de ahora, compartiré de vez en cuando con vosotros algunas de esas entradas, tanto mías como del resto de viajeros. La verdad, son una manera bastante directa de experimentar las sensaciones y sentimientos que tuvimos.
Espero que en el próximo viaje, que no va a tardar mucho en llegar, también os pueda hacer partícipes de la aventura.