Por fin he podido poner mis zarpas en un PC para poder volcar toda la información y estímulos que llevan metiendose en mi cabeza. Como explicarlo todo va a llevar rato, voy a intentar seccionarlo por dias.
Día 0: Después de pasar la noche aguantando despiertos como campeones en casa de Chun nos dirigimos al aeropuerto, donde dimos un par de vueltas hasta que pudimos coger el avión.
El primer viaje en avión consistió en un “aguantar despiertos hasta que lleguemos al segundo avión”, lo cual con las ansias no fue muy difícil. Una vez llegados a Frankfurt, nos pegamos la carrera de nuestra vida para llegar a la puerta de embarque a tiempo, y una vez ahí nos vimos rodeados de japoneses, que hacían que nos sintiésemos observados y diferentes.
El segundo viaje en avión se puede resumir en un “holgazanear y dormir hasta que nos entre hambre para levantarnos a coger algo de comer, o esperar a una de las comidas”. Mención especial también a los abstractos videos que mostraban por las teles, como el hombre que hacía movimientos raros y Winnie the Puag.

¡Dispuestos a zanganear durante 12 horas!
Y ahora empieza lo bueno.
Día 1: Llegamos al aeropuerto excitadísimos para luego encontrarnos con un buen rato de espera para poder entrar al país, pero eso no importó, porque nada más cruzar las puertas nos olvidamos de toda la espera con tansolo ver una pequeña tienda de dentro de la estación, con la que nos quedamos embobados viendo todo tipo de productos que nos hacían meditar sobre los años de ventaja que nos llevan.
Nos dirigimos desde ahí a nuestro hotel, el Sakura Hotel, en Ikebukuro. Por el camino, en el tren, nos volvió a coger sueño, pero teniendo en cuenta que eran sobre las 10 de la mañana y nos esperaba un día entero por delante, volvimos a hacer un esfuerzo más de supervivencia, para luego salir de la estación de tren y encontrarnos con un mar de edifícios grandes y con poco orden, llenos de carteles y estímulos luminosos, que nos dejaron pasmados mientras caminabamos al hotel.
Cuando ya estuvimos más o menos asentados, salimos a inspeccionar nuestros alrededores en Ikebukuro y de paso buscamos un sitio para comer, donde dimos gracias de tener a Nekoi en nuestro grupo para entendernos mejor con la gente. Y es que una de las mayores sorpresas que me he llevado es el poco o ningún nivel de inglés de la gran mayoría de japoneses, pero afortunadamente me he podido acostumbrar a entenderme con los dependientes con unas pocas palabras en japonés y algunos gestos. Espero que de cara al final del viaje haya conseguido aprenderme unas cuantas más expresiones para poder tomarme las cosas con más calma.
Por la tarde nos fuimos a la parte mas comercial de Ikebukuro, aunque no llegamos a entrar al que se supone que es el mayor centro comercial del mundo. Ojeando un poco me di cuenta que, en comparación con España, hay algunas cosas más baratas (en especial merchandising), pero también otras mucho más caras (un ejemplo lo vimos con las tarjetas SD).

Luces y estímulos a todas horas.
Por la noche Miya y yo estabamos aún empechados con la comida anterior, así que compramos unas latas de Pepsi en una máquina expendedora (¡medio litro de Pepsi por 120 yenes!) y nos fuimos a un salón recreativo a probar el arcade de Taiko no Tatsujin y Drummania V6.

Estrenándome con un arcade Drummania V6.
Las máquinas expendedoras son la manera más económica de conseguir una bebida, incluso más barato que en los FamilyMarts y otras tiendas por el estilo. Lo malo es que cada máquina tiene su propio catálogo y el precio puede depender mucho de la zona en la que este situada la máquina, pero segue siendo una opción muy cómoda y eficaz.
Día 2: Hoy era el gran día, tocaba visitar sin falta el famoso barrio de Akihabara.
Una vez estuvimos todos en planta cogimos juntos por primera vez la línea Yamanote de tren. Esta línea sigue un recorrido circular por los principales barrios de Tokio en ambos sentidos, de manera que puedes llegar al punto más lejano de la línea en media hora. Me ha fascinado que siempre encuentras un tren en el andén o, en caso de no haber, no tienes que esperar casi nada para que llegue el siguiente, y funcionan todo con una puntualidad absoluta. Dentro de los vagones, aparte de los montones de publicidad que se encuentran por todo Tokio, hay unas pantallas que indican la siguiente parada, el recorrido completo con el tiempo que se tardará en llegar a cada estación desde el punto actual (normalmente 2 o 3 minutos por estación, y se cumple a rajatabla), el costado por el que se abrirán las puertas en la siguiente estación, y la posición de cada escalera y ascensor en la parada a la que vas a llegar. Todo esto en un ciclo que se repite tanto en japonés como en inglés.

A punto de salir del metro... ¿que veremos fuera?
Cuando por fin pusimos los pies en Akihabara no sabíamos por donde empezar. Tanto la calle principal como los callejones cercanos están plagados de tiendas tanto de productos electrónicos como de manga y merchandising, sobretodo de esto último. Nos dispersamos en grupos y salimos por nuestra cuenta para ver lo que más nos interesase.
Todas las tiendas que llegué a visitar por la mañana tenían varios pisos plagados de material de todo lo que está de moda actualmente y, si te daba por mirar concienzudamente, también podías encontrar cosas de todo lo demás sin muchos problemas. Por si fuera poco, encontramos una especie de centro comercial con pisos tematizados en el que en el último piso había un outlet con precios por los suelos en material impecable, lo cual hizo inevitable que me agenciase una figura del Gundam y otra del Gouf por tan solo 500 yenes cada una, lo cual me hizo feliz para el resto del día. También llegamos a visitar por la mañana el Super Potato, tienda especializada en videojuegos retro… y tan especializada, pues si consigues aclararte para revisar a fondo los estantes puedes encontrar verdaderas rarezas y precios muy buenos. Por desgracia, no había nada que me llamase especialmente la atención (especialmente por la barrera del idioma).

El ampliamente conocido Super Potato.
Fuimos a comer en un restaurante especializado en comidas con curry, rollo comida rápida. El sistema para este tipo de restaurantes está muy bien montado, ya que tu pagas por adelantado en una maquina que indica todo lo que hay disponible y recibes un tiquet, el cual luego cambias por la comida. De este modo, logran que el flujo de gente sea constante, ya que ademas la mayoría de gente que vi se lo comía rapidísimamente y se iba. Afortunadamente, nosotros ibamos relajados y tampoco nos metieron prisa, así que Isnard y yo, que nos tocaba sentarnos al lado, pasamos todo el rato charlando y intentando aguantar el dolor que provocaba el picante del curry. Otra cosa que me ha encantado de los restaurantes es que en todos te sirven agua con hielo nada más llegar, y siempre hay jarras para beber más o, en caso de no haberlas, están atentos para rellenarte el vaso en cualquier momento… todo esto sin cobrartelo, por supuesto. También me gustaría hablar de la educación y el trato en los restaurantes y tiendas, pero lo dejaré para otra entrada.
Por la tarde estuvimos mirando más tiendas, de entre la que destaco Animate, con 7 o 8 pisos a rebosar de merchandising. Luego, fuimos a tomar algo en uno de los famosos “Maid Cafes”, donde probamos la melon soda (también conocida como meado de burra). También entramos en un centro comercial en el que vimos una cola de gente esperando la salida de un videojuego (diría que un Dragon Quest) al día siguiente (un domingo encima). Dentro del centro comercial, aunque no lo vimos todo, lo único que vi eran todo aparatos electrónicos… con razón llaman a Akihabara la “Electric Town”.
Pese a todo lo que llegamos a visitar, no nos dio tiempo a ver el barrio entero, incluso no pudimos llegar a acabar de ver la calle principal, así que probablemente haremos alguna otra escapada hacia ahí otro día.
Por hoy voy a dejar la entrada en este punto, mañana intentaré hacer otra con lo que he visto hoy, ayer y lo que veré mañana.
Oyasumi-nasai!

